El nuevo salvataje del FMI y el Banco Mundial alimentó las dudas del mercado, sube el riesgo país
Toto Caputo volvió de Washington eufórico porque logró destrabar un desembolso de USD 1.000 millones del FMI y se llevó la promesa de otros USD 2.000 millones del Banco Mundial, pero el efecto en el mercado fue el contrario al buscado: confirmó que está en dificultades para pagar los vencimiento de deuda que tiene por delante.
En las reuniones que mantuvo el equipo económico en Estados Unidos con fondos de inversión, el clima fue cauto. Hubo preguntas sobre reservas, deuda y riesgo político. Los fondos no se retiraron, pero tampoco aumentaron exposición. La sensación general es de pausa, no de entusiasmo. Un clima que se repite en el sistema financiero argentino.
El ex vicepresidente del Banco central, Jorge Carrera, explicó que el peso creciente en la deuda de la Argentina de organismos como el FMI, el Banco Mundial o el BID introduce una desventaja: tienen prioridad de cobro. Esa “subordinación implícita” puede sumar entre 100 y 200 puntos básicos al riesgo país, afirmó Carrera.
El mercado ya refleja esa tensión. Este marte el riesgo país subió 1,33% y llegó a 533 puntos básicos. Los bonos en dólares operaron en baja en casi toda la curva.
Nada marcha de acuerdo al plan
“Palazo para los bonos en dólares. Pasan los meses y Caputo no puede bajar el riesgo país. Si se come el trimestre de oro de ingreso de dólares, va a llegar a las elecciones 2027 colgado del travesaño.”, posteó Sergio Chouza de la consultora Sarandí.
Varias entidades financieras pusieron por escrito ese diagnóstico. El Banco Galicia sintetizó dos preguntas que dominan las reuniones: qué amortiguadores tendrá Argentina para enfrentar una eventual volatilidad en 2027 por las elecciones, como la que tuvo en 2025; y cuándo volverá a los mercados voluntarios de deuda.
El Banco Comafi, enumeró cuatro focos de inquietud. Primero, el riesgo de mayor irregularidad del crédito, con mora de familias en máximos. Segundo, la debilidad de los sectores intensivos en empleo, como industria, construcción y comercio. Tercero, la capacidad de refinanciar los compromisos de deuda hacia 2027. Y cuarto, el factor político, con las elecciones ya instaladas en la agenda del poder.
Barclays también puso el acento en ese desequilibrio. Señaló que mientras los sectores vinculados a exportaciones y finanzas crecieron, los ligados al empleo masivo mostraron caídas. Eso, advirtió, puede afectar la popularidad de Javier Milei. JPMorgan, en cambio, recogió la versión oficial: las necesidades financieras de 2026 estarían cubiertas sin recurrir al mercado internacional. Para ese banco, los riesgos son más políticos que económicos.
Operadores de Wall Street.
Bank of America se sumó a esa mirada más optimista. Destacó el acuerdo con el FMI y el respaldo del Banco Mundial por USD 2000 millones para aliviar vencimientos. Proyectó un crecimiento del 3,5% con liderazgo de minería, energía, bancos y tecnología. Grit Capital aportó color: describió una Washington repleta de gestores de fondos discutiendo cómo atravesar el muro de vencimientos de 2026 y 2027. En ese circuito se habló del “Plan B”: conseguir financiamiento bancario con garantías multilaterales para evitar salir a tasas altas. Pero también se deslizó una duda: si ese puente alcanza o si habrá que ir a un manejo de pasivos más profundo. Caputo negó esa posibilidad la semana pasada.
Morgan Stanley bajó los números a tierra: las necesidades en dólares del Tesoro llegarían a USD 19.900 millones en 2026 y subirían a USD 23.400 millones en 2027. A eso se suman al menos USD 11.000 millones del BCRA entre Bopreal y repos. Gran parte de esos compromisos caen en los primeros meses del año electoral.
En ese contexto sorprendieron las críticas de Nicolás Dujovne, cercano al equipo económico. Planteó que la inflación será más alta de lo esperado y que el proceso no es lineal, sino lleno de avances y retrocesos. También relativizó el margen fiscal: “las mejoras posibles son marginales”, afirmó. Y dejó una definición incómoda: “para crecer más, haría falta un salto en salarios que hoy no aparece”.
Ya son varios los economistas que advierten sobre la fragilidad de la cuenta en pesos. Un mercado interno deprimido erosiona la recaudación y obliga a profundizar el ajuste para sostener la meta fiscal. Eso genera “bolsones de pobreza”, como definió Ricardo Arriazu, que terminan alimentando el riesgo político. O sea, el regreso del peronismo.
El economista Jorge Carrera advirtió que los organismos tienen prioridad de cobro y esto podría cargar al riesgo país de Argentina entre 100 y 200 puntos extra.
