El carry trade en problemas, por la baja de tasas se disparó la fuga al dolar
El mercado financiero argentino empezó a desarmar parte de la bicicleta en pesos que durante meses funcionó como ancla cambiaria. El carry trade, esa estrategia de entrar en pesos para aprovechar tasas altas y luego volver al dólar, ya no ofrece el mismo margen. Y la reacción se siente rápido: el dólar volvió a moverse y la demanda de cobertura en moneda dura repuntó con fuerza.
Durante buena parte del primer trimestre, el esquema funcionó como una aspiradora de pesos. El dólar oficial cayó más de 4% en el año y quienes hicieron plazo fijo o apostaron a Lecap lograron ganancias en dólares de dos dígitos. La City celebraba. El Gobierno también. El peso parecía una vidriera brillante iluminada desde afuera, aunque detrás del vidrio la estructura seguía dependiendo de flujos financieros de corto plazo.
Pero abril cambió el clima. Las tasas empezaron a comprimirse y el mercado comenzó a preguntarse si seguía valiendo la pena asumir riesgo cambiario para capturar rendimientos cada vez menores. Ahí apareció el primer movimiento defensivo: toma de ganancias en pesos y migración hacia activos dolarizados.
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En paralelo, el propio Banco Central reconoció que volvió a crecer la dolarización. Según el último Informe de Política Monetaria, la demanda de dólares en el mercado de cambios llegó a USD 1.500 millones en abril, muy por encima de los USD 900 millones promedio que se observaban tras las elecciones de medio término. El dato encendió alarmas porque muestra un cambio de conducta financiera justo cuando el Gobierno necesita sostener calma cambiaria y acumulación de reservas.
En la City admiten que el carry sigue existiendo, pero dejó de ser un paseo. La ecuación se volvió más sensible. Un salto relativamente moderado del dólar puede borrar en pocos días el rendimiento acumulado durante meses. Economistas consultados advierten que no hay tasas capaces de cubrir completamente el riesgo de una corrección cambiaria dentro de las bandas oficiales cada vez mas anchas.
El problema para el Gobierno es que esta dinámica tiene una lógica circular. El carry ayudaba a mantener tranquilo al dólar porque generaba oferta de divisas y demanda de pesos. Pero cuando el mercado sospecha que el rendimiento ya no compensa el riesgo, el mecanismo gira en sentido contrario. Los inversores se dolarizan y la presión sobre el tipo de cambio aumenta.
En los despachos oficiales todavía relativizan el fenómeno. Argumentan que no hay una salida masiva y que la demanda de pesos sigue siendo sólida. Cerca del equipo económico señalan que el esquema cambiario mantiene credibilidad y que el mercado todavía apuesta a tasas reales positivas. Sin embargo, en privado reconocen que la estabilidad depende de un delicado equilibrio financiero. “Mientras entren dólares financieros el sistema aguanta”, resumió un operador del mercado.
El trasfondo es más profundo que un simple movimiento táctico de inversores. La economía argentina volvió a construir estabilidad cambiaria sobre incentivos financieros de corto plazo. La bicicleta funcionó mientras el dólar permaneció quieto y las tasas ofrecían un premio elevado. Pero cuando el margen se achica, reaparece una conducta histórica del sistema económico local: correr hacia el dólar.
En las últimas semanas crecieron las recomendaciones de dolarizar parcialmente carteras. Fondos comunes, bonos hard dollar y obligaciones negociables volvieron al radar de los inversores. El movimiento todavía es gradual, pero muestra un cambio de humor.
