Por qué sube la inflación a pesar del superavit fiscal y el apretón monetario
La dinámica ascendente y persistente de la inflación desató una fuerte discusión sobre las causas. Durante meses el diagnóstico dominante sostuvo que el fenómeno respondía exclusivamente a la emisión monetaria. Hoy ese marco explicativo quedó corto. El ajuste fiscal es profundo y el apretón monetario evidente. Sin embargo, la inflación no solo no baja, sino que sube. Es raro un proceso de “desinfalción” en el que la inflación sube.
Por eso, hasta los defensores de la teoría monetarista de la inflación se vieron obligados a trasladar la discusión de lugar. Tipo de cambio, precios regulados, tasas de interés, expectativas y recomposición de precios relativos ahora son factores a considerar para explicar la suba de precios.
Los economistas liberales más ortodoxos, que reducían la explicación al exceso de dinero, empezaron a reconocer que la dinámica es más compleja de lo que suponía el diagnóstico inicial.
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El liberal Iván Carrino afirmó: “A riesgo de quedar ‘estructuralista’… la aceleración de la tasa de inflación (para INDEC viene desde mayo) coincide bastante bien con la apertura del cepo. Y esto coincidió también con mayor tasa de devaluación promedio. En todo el período con cepo, el dólar oficial subió 1,7% por mes. Después de abril, la suba fue de 3% promedio, muy afectada por incertidumbre política. ¿Esto quiere decir que estuvo mal salir del cepo? De ninguna manera, pero hay ‘trade-offs’. En este caso, más libertad a cambio de una mayor inflación a corto plazo. A largo plazo, la inflación depende de variables fiscales y monetarias, que se están ordenando. PD: la tasa promedio de aumento del dólar entre noviembre y enero fue 0%”.
La escena tiene algo de paradoja: después de años rechazando explicaciones estructurales, uno de los referentes del monetarismo termina admitiendo que el tipo de cambio y los precios relativos también empujan la inflación.
El economista anónimo Juancito Nieve, que se sospecha es una eminencia de la literatura económica, escribió en X: “Ante esta suba tendencial de los últimos meses, me cuesta encontrar una explicación consistente. De todas formas creo seria bueno volver a ciertas cosas que dan buen resultado: Un mercado de cambio mas libre, un esquema monetario donde la tasa deje de ser endogena (la volatilidad de tasa tiene costo en mora y precios), un ancla fiscal donde el centro sea sostener un superavit fiscal robusto aun a costo de postergar ciertas rebajas impositivas, un tesoro que deje de hacer política monetaria y se limite a hacer política fiscal, redefinir la independencia del BCRA incluyendo la eliminación de asistencia directa al tesoro (vía transferencia de utilidades, vía venta de dólares en forma directa)”.
El reconocimiento es relevante porque proviene de un espacio que hasta hace pocos meses explicaba la desinflación casi exclusivamente por el orden fiscal y monetario. Los datos de precios relativos ayudan a entender por qué esa explicación resulta insuficiente.

El análisis del IARAF que conduce Nadin Argañaraz muestra que en los últimos dos años alquileres, servicios públicos y comunicaciones mantuvieron una tendencia creciente en términos reales, acercándose en enero de 2026 a niveles similares entre sí, si se toma diciembre de 2017 como base 100. En el extremo opuesto, las prendas de vestir muestran una caída sostenida. Los alimentos, que venían con tendencia bajista, desde octubre de 2025 volvieron a crecer por encima del promedio general.
En ese contexto, la inflación mensual bajó hasta mayo de 2025, luego se estabilizó y finalmente volvió a subir, mientras los precios regulados continuaron ajustándose tras la reducción de subsidios energéticos, una de las principales fuentes de ahorro fiscal del período.
La discusión sobre la tasa de interés agrega otra capa. El economista Gonzalo Martínez Mosquera advirtió que “la causa principal por la cual se mueve la inflación en Argentina es la tasa de interés”. Mosquera explicó que tasas elevadas encarecen el financiamiento y aumentan costos empresariales, queterminan trasladándose a precios. La política monetaria, en ese esquema, en lugar de freno pasa a ser un canal de transmisión inflacionaria.
El informe del CESO profundiza esa lectura y la ordena en una secuencia temporal. Según el centro de estudios, la baja inicial de la inflación respondió a un esquema de anclas simultáneas: fuerte ajuste fiscal, contracción monetaria, caída del salario real y utilización del tipo de cambio como referencia nominal.
Ese conjunto permitió una desaceleración rápida luego del salto devaluatorio inicial. Pero ese equilibrio tenía límites. A medida que los precios regulados comenzaron a recomponerse y el ancla cambiaria perdió fuerza, la inflación dejó de caer.
El informe sostiene que desde mediados de 2025 el proceso inflacionario pasó a estar dominado por la recomposición de precios relativos, la inercia inflacionaria y las expectativas de corrección futura, en un contexto donde la política económica priorizó la reducción del gasto público vía tarifas y servicios.
El punto central del CESO es que la inflación actual no surge de un exceso de demanda ni de expansión monetaria, sino de un proceso de reordenamiento del sistema de precios luego de una fuerte devaluación y de la eliminación de subsidios.
En ese marco, la desaceleración inicial fue posible porque varios precios quedaron temporalmente atrasados. Cuando comenzaron a corregirse, la inflación encontró un nuevo piso. No es un rebote coyuntural sino una nueva etapa del mismo proceso.
Según la teoría monetarista ya debería estar resuelto el problema. Los liberales más serios reconocen otros drivers de la suba de precios.
