Caputo tomó de USD 2 mil millones del Banco Mundial, que se suman a los 15 mil millones que creció la deuda del FMI
Caputo consiguió los USD 1.000 millones del FMI y salió a buscar otros USD 2.000 millones del Banco Mundial, a los que se podrían sumar USD 1.000 millones de la CAF. Más deuda para pagar deuda, que sólo con el FMI y sólo en 2025 creció la friolera de USD 15.000 millones.
El frenesí endeudador tiene una razón concreta. Cubrir los vencimientos del prøximo 9 de julio. Ese día el Gobierno debe pagar más de USD 4.000 millones entre capital e intereses de Bonares y Globales, la deuda con privados que renegoció Martín Guzman. La señal apunta a los fondos: Argentina va a pagar, aunque no tenga reservas suficientes. La compra de “argendólares” por parte del Tesoro no alcanzó y obligó a escalar la estrategia.
El mensaje subyacente de toda la jugada es que el famoso Swap de USD 20 mil millones que se anunció con el secretario del Tesoro, Scott Bessent, fue sólo eso: un anuncio electoral.
“Se corrieron Bessent y la Casa Blanca. Queda flagrante que lo del swap por USD 20.000 millones era una pantomima”, dijo a LPO una fuente que participa de la asamblea del Fondo.
Caputo tiene que pagar este viernes el fallo en favor de las universidades y entra en déficit
Ahora, el rumor en el mercado es que Caputo utilizará todos estos fondos de multilaterales para ponerlos como garantía para tomar deuda con bancos de Wall Street por unos USD 8.000 millones. Pero Caputo lo desmintió este jueves. Lo que no significa nada, el ministro tiene un largo historial de mentiras.
El año pasado ya había ensayado una jugada similar. Tras el anuncio del swap del Tesoro estadounidense, buscó armar un esquema para de financiamiento privado. En plena campaña, Bessent anunció que el PJ Morgan aportaría otros USD 20.000 millones a la Argentina. Cuando el presidente del banco, Jamie Dimon, le pidió al Tesoro que garantice el préstamo, Bessent dejó de hablar del tema y la operación se cayo.
Ni la licitación quincenal de instrumentos en dólares que lanzó el Gobierno para captar divisas. Ni la emisión de deuda corporativa, que desde octubre de 2025 aportó más de USD 8.000 millones. Ni los dólares del campo. Ninguna de esas fuentes logró consolidar un flujo suficiente para garantizar los vencimientos de este año y el que viene.
Por eso, ahora Caputo busca el respaldo de los multilaterales, sobre los que la Casa Blanca puede ejercer presión política. Caputo se movió en Washington. Se reunió con Ajay Banga presidente del Banco Mundial en el marco de las reuniones de primavera del FMI y el Banco Mundial. El organismo confirmó el operativo con un comunicado: “El Grupo Banco Mundial está trabajando en una garantía de hasta USD 2.000 millones para ayudar a refinanciar una porción relevante de la deuda de Argentina, reducir costos de financiamiento y crear mejores condiciones para un mayor flujo de inversión privada”.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, llega este jueves a la reunión del FMI y el banco Mundial en Washington.
En paralelo, el Banco Central dejó en claro el trasfondo financiero. En su comunicación sobre el balance cambiario, explicitó que los dólares que compra terminan siendo utilizados por el Tesoro para afrontar pagos externos. Es un circuito cerrado: el Central acumula y luego vende al Tesoro. Las reservas no crecen de manera genuina.
Por eso, el mercado hizo cuentas y le dio credibilidad a la supuesta jugada de Economía de usar los fondos del FMI y el Banco Mundial como garantía para conseguir entre USD 8.000 y USD 10.000 millones en Wall Street.
Pero las condiciones son exigente. El riesgo país debería caer a la zona de los 400 puntos, para que Argentina pueda emitir a una tasa cercana al 9% anual a diez años, considerando que el bono del Tesoro de Estados Unidos rinde hoy 4,3%. Incluso en ese escenario, el costo es alto. Ecuador, por ejemplo, colocó deuda este año a una tasa promedio de 8,975%.
El problema estructural es otro. La deuda con organismos multilaterales no mejora necesariamente la percepción de los bonos. Son acreedores privilegiados. Cobran primero. En un escenario de estrés, compiten con ventaja frente a los privados. La experiencia de 2001-2005 sigue fresca: los organismos siguieron cobrando mientras el resto renegociaba.
El calendario que viene explica la urgencia. En 2027, el Tesoro y el Banco Central deberán enfrentar pagos por unos USD 33.100 millones. Incluye bonos en dólares, Bopreal, compromisos con el FMI y multilaterales, y el crédito repo con bancos privados. Sin acceso al mercado voluntario, ese volumen aparece muy desafiante.
Por eso Caputo insiste en volver a Wall Street. El intento anterior fracasó. Con un pésimo timming, Milei bloqueó justo antes que estallara la guerra una emisión que estaba muy avanzada con bancos extranjeros con una tasa que rondaba el 9%, en la que había trabajado el entonces secretario de Finanzas, Alejandro Lew. La decisión presidencial provocó la renuncia de Lew y Caputo tuvo que arrancar de cero.
Mientras tanto, la deuda con el FMI no deja de crecer. Al 11 de abril de 2026 alcanzó los USD 57.250 millones, un 36% más que tras el acuerdo firmado en abril de 2025. O sea, en apenas un año creció unos USD 15.000 millones. Una dinámica explosiva.
El mercado cree que el ministro quiere usar esos fondos como garantía para conseguir otros USD 8.000 millones de Wall Street. Caputo lo niega.
