junio 4, 2026

Manzano se quedó con las estaciones de Shell y se convierte en un jugador importante en petróleo

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 La compra de Raízen no es una operación más en el mercado energético. Es el movimiento que le permite a José Luis Manzano cumplir el sueño de controlar un casillero más de la misma cadena. Del pozo al tanque. De Vaca Muerta al surtidor. Del combustible a la electricidad.

La operación fue anunciada por Raizen, propietaria de las estaciones Shell en Argentina, este jueves a la bolsa de San Pablo. Tiene como comprador a Mercuria Energy Group, la trader suiza que es socia de Manzano en la Argentina. El valor informado fue de USD 1.420 millones e incluye los activos downstream de Raízen en el país. Es decir, el negocio de refinación, logística y comercialización de combustibles que opera bajo la marca Shell.

El paquete es enorme. Incluye la refinería de Dock Sud, una de las plantas más importantes del país, con una capacidad de producción cercana a los 100.000 barriles diarios. También suma la red de estaciones de servicio Shell, terminales logísticas, activos de almacenamiento y la licencia para seguir usando la marca mediante un esquema de regalías. La red llega a 894 estaciones y representa cerca del 19% del despacho de combustibles del país.

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La foto del surtidor, sin embargo, se queda corta. El punto de fondo es que Mercuria y Manzano ya tienen una pata fuerte en Vaca Muerta a través de Phoenix Global Resources. Con Raízen, suman la refinería y la boca de expendio. El negocio deja de ser sólo producir petróleo. Ahora aparece la posibilidad de procesarlo, distribuirlo y venderlo al consumidor final.

Ese salto cambia la escala. En el mercado lo leen como una integración vertical que hasta ahora estaba reservada para jugadores como YPF, Pan American Energy o Tecpetrol. El grupo no compra sólo estaciones. Compra una ruta completa para capturar renta en cada tramo del negocio.

El paquete es enorme. Incluye la refinería de Dock Sud, una de las plantas más importantes del país, con una capacidad de producción cercana a los 100.000 barriles diarios. También suma las 894 estaciones de servicio Shell, terminales logísticas, activos de almacenamiento y la licencia para seguir usando la marca mediante un esquema de regalías. 

La otra pieza es Edenor. Manzano controla la distribuidora junto a Daniel Vila y Mauricio Filiberti. El sitio especializado EconoJournal había anticipado que la empresa eléctrica podía tener un rol en la nueva estructura, con una participación accionaria y sinergias vinculadas a electromovilidad, cargadores eléctricos, generación distribuida y hasta data centers.

Ahí aparece la parte más fina de la jugada. Una red nacional de estaciones Shell puede ser, mañana, una red de puntos de carga eléctrica. Edenor puede aportar conocimiento del sistema eléctrico, usuarios, infraestructura y espalda financiera. El surtidor viejo se vuelve enchufe nuevo. El negocio petrolero mira de reojo al negocio eléctrico.

La venta también habla de Raízen. La brasileña, controlada por Cosan y Shell, necesitaba liquidez para ordenar una deuda gigantesca. Enfrenta una reestructuración por unos 65.000 millones de reales, equivalentes a casi USD 12.840 millones. La salida de Argentina, en ese contexto, funciona como una venta de activos para acomodar el balance.

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El dato no es menor. Raízen no vende porque el activo argentino sea chico. Vende porque necesita caja. Y justo cuando el downstream local recuperó rentabilidad por la liberación de precios, aparece un comprador con músculo global y socio local con oficio para moverse en sectores regulados.

La operación todavía debe cerrar todos los pasos regulatorios y societarios. El cierre está previsto para el primer semestre de 2027 y sujeto a aprobaciones regulatorias y judiciales. Hasta entonces, el traspaso no estará completamente consumado.

La brasileña Raízen necesitaba liquidez para ordenar una deuda gigantesca de casi USD 12.840 millones. Raízen no vende porque el activo argentino sea chico. Vende porque necesita caja. Y justo cuando el downstream local recuperó rentabilidad por la liberación de precios.

Pero el mensaje al mercado ya está dado. Manzano queda asociado a un entramado que combina petróleo, gas, refinación, estaciones de servicio, electricidad y distribución. No es una empresa. Es un mapa. Y en ese mapa, ese concentra una porción estratégica de la infraestructura energética.

La compra no incluye Shell Argentina en su negocio de upstream en Vaca Muerta. Esa operación queda fuera del acuerdo. Pero la aclaración no cambia el fondo. El nuevo armado queda conectado con la producción no convencional por la vía de Mercuria y Phoenix, y con el mercado masivo por la vía de Shell.

También hay otra lectura. En plena desregulación del sector, los activos estratégicos cambian de manos. El gobierno celebra la llegada de capitales y la lógica de mercado. Pero lo que se consolida no es competencia atomizada. Es concentración privada en segmentos clave de una cadena sensible.

El movimiento ocurre, además, mientras Manzano también aparece entre los interesados por Metrogas. El empresario argentino ya tiene el 9,23% de la compañía mediante Integra Gas Distribution y figura en el proceso por el 70% que YPF busca vender. Si avanza, el rompecabezas sumaría otra pieza pesada: gas, electricidad, combustibles y estaciones.

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