Mientras Caputo pide bajar las tasas, el Nación cobra 114% para refinanciar deudas
Luis Caputo salió a justificar el fuerte aumento de la morosidad en el sistema financiero con una frase que cayó mal incluso dentro de algunos bancos: dijo que las familias “pensaron que la inflación iba a licuar las deudas” y por eso se sobreendeudaron. La explicación oficial intenta correr el foco del deterioro salarial y del costo financiero récord que enfrentan millones de trabajadores para llegar a fin de mes.
El problema para el ministro es que, mientras les pide públicamente a los bancos que “extiendan plazos y cobren tasas bajas”, el propio Banco Nación mantiene líneas de refinanciación con costos difíciles de asociar a cualquier idea de alivio financiero.
Una de las líneas más utilizadas para refinanciar pasivos es “Consolidación de Deuda”, destinada justamente a clientes complicados con préstamos o tarjetas. Allí, la tasa efectiva anual más IVA alcanza el 114,21 por ciento para deudores morosos. Traducido: un trabajador que ya no puede pagar sus obligaciones debe salir de la crisis tomando una deuda todavía más cara.

La contradicción quedó expuesta en las propias declaraciones del ministro. “Nosotros hablamos con los bancos en el caso de la mora y dijimos que traten de extender los plazos y cobrar tasas bajas. Algunos ya lo están haciendo, pero otros no. Son decisiones privadas”, afirmó Caputo. El problema es que uno de los bancos que no parece haber escuchado la recomendación es justamente el principal banco público del país.
El Banco Ciudad tampoco aparece demasiado alineado con la idea de “tasas bajas”. Para asalariados que cobran el sueldo en la entidad, el costo financiero total ronda el 114,21 por ciento anual. Para clientes de mercado abierto, directamente escala hasta el 174,30 por ciento.

En los bancos privados el panorama es todavía más agresivo. Dependiendo del perfil del cliente y del nivel de riesgo asignado, las tasas para préstamos personales se ubican entre el 100 y el 300 por ciento anual. Es decir, la supuesta baja de tasas que celebra el Gobierno parece haberse quedado en los títulos financieros y no llegó a las ventanillas.
Mientras tanto, empieza a expandirse otra modalidad todavía más riesgosa: los adelantos de corto plazo. Son mini préstamos pensados para personas que no llegan a fin de mes y necesitan cubrir gastos inmediatos durante 7, 14 o 28 días.
En esos casos, muchas Fintechs y bancos digitales cobran tasas que, anualizadas, superan el 400 por ciento. El usuario suele no percibir el costo total porque paga intereses por períodos cortos. Pero cuando el mecanismo se vuelve recurrente -tomar un adelanto para cancelar el anterior- la deuda empieza a crecer como una bola de nieve.
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Un especialista de riesgo de un importante banco explicó a este medio que la baja de tasas “no se dio en los sectores justamente más comprometidos con la mora”. Según sostuvo, las entidades financieras entienden que mientras no mejoren el salario real y el nivel de actividad, la capacidad de pago seguirá deteriorándose.
“La lógica hoy es que preferible que algunos clientes caigan en la mora antes que seguir prestar barato y aumentar el riesgo”, resumió. La frase revela el verdadero clima que existe en buena parte del sistema financiero detrás del optimismo oficial. De hecho, la reducción de tasas para personas físicas aparece sólo en segmentos muy específicos y con perfiles de bajo riesgo. Es decir: se les presta a quienes probablemente nunca entren en mora, mientras se endurecen las condiciones para quienes ya están endeudados.
Eso termina chocando con el objetivo que dice perseguir Caputo. El Gobierno asegura que quiere reactivar el crédito privado, pero los bancos responden ajustando filtros, achicando universos y refinanciando cada vez menos.
El trasfondo es que la mora dejó de ser un fenómeno aislado. En los bancos reconocen que crecieron con fuerza los atrasos en tarjetas de crédito, préstamos personales y financiamiento de consumo, especialmente entre asalariados y sectores medios.
Ahí aparece otro problema para el relato oficial: si la economía realmente estuviera atravesando una recuperación sólida, el endeudamiento para cubrir gastos básicos no debería seguir creciendo a este ritmo.
Caputo insiste en que “lo peor ya pasó” y que la inflación seguirá bajando. Pero en la calle el termómetro parece marcar otra cosa: cada vez más trabajadores refinancian tarjetas, patean vencimientos o toman adelantos para poder terminar el mes. Y mientras el ministro les pide a los bancos que sean más flexibles, las entidades parecen haber llegado a otra conclusión bastante menos optimista: el problema ya no es prestar caro. El problema es a quién prestarle.
El ministro culpó a las familias por la mora. Los bancos públicos siguen refinanciando deudas con tasas de hasta 174 por ciento y las fintech ya cobran más de 400 por ciento anual.
